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Como todas las mañanas Ella salió al jardín para cortar las únicas flores que florecían cada día en aquel vergel que nuestro protagonista había creado exclusivamente para ella antes de marcharse. Después del incidente inexplicablemente sólo ese espacio verde se mantenía con vida.

Mientras estaba cortando aquellas bellas flores una llovizna apareció de improviso. Miró al cielo y sintió que un trocito de su corazón se desprendía chocando estrepitosamente contra el suelo. La lluvia siempre había simbolizado momentos mágicos entre ellos. La lluvia purifica se decían. Entonces empezó a llover con más intensidad y algo en su interior le impidió resguardarse. Se dejó caer de rodillas sobre la tierra húmeda y poco a poco el suelo se iba haciendo más blando y frío. Algo se encogió en su pecho. El perfume a tierra mojada lo embriagaba todo. Petricor. Se emocionó, y sus lágrimas brotaron de sus ojos mezclándose con la lluvia. Abrió lentamente sus manos y dejó caer las flores al suelo. Sutilmente los pétalos se iban desprendiendo del ramillete a cada impacto de gota de lluvia. Sus rodillas se hundían cada vez más en la tierra mojada. Haciéndola más presente de todo. No sé cuánto tiempo estuvo bajo la lluvia. No sabría decirte pero sólo cuando su ropa mojada y una leve tiritera hizo que se le erizase la piel de frío fue cuando decidió entrar a casa para resguardarse. Desde esa sensación, estuvo lloviendo once días con sus once noches.

Al undécimo día el motor de una avioneta perturbo la paz del lugar. La lluvia paró en cuanto la avioneta tocó el suelo. Parecía que existía la extraña sensación de que el universo conspiraba con ellos. Ella conocía muy bien el sonido de ese motor. Era la avioneta con la que más de una vez habían sobrevolado la Antártida, la avioneta de su amor, amor que había sepultado detrás de los muros de los miedos, la ausencia y el dolor. Sin pensarlo dos veces, dejó lo que estaba haciendo y salió de la casa corriendo hacía el descampado donde la avioneta había aterrizado. De ella se bajó una mujer con una larga melena negra.

La cara de Ella se desencajó al ver que venía sola. En la mano llevaba un cuaderno de solapas de piel marrón que Ella reconoció al instante.

—Hola soy Mariena, —saludó con un gesto forzado, sin saber muy bien cómo afrontar semejante acontecimiento —tú debes ser…
Y antes de que terminara de hablar Ella le arrebató el cuaderno de sus manos y con voz temblorosa preguntó, — ¿Dónde está?
—Como pudo Mariena dijo, —el Incidente entró en él y desapareció.
Ella desencajada, abrió el cuaderno buscando la última página escrita y una hoja se escapó del cuaderno y cayó sobre el suelo mojado, reconoció en seguida que era su carta que años atrás había dejado escrita en el banco de semillas.
Él había utilizado el reverso para contestar a su misiva, entonces Ella empezó a leer.

Querida Universo.

Muchas gracias por tus palabras, se me ha formado una sonrisa perpetua. Eres tan bella. Somos tan bonitos.
No sé si me perdí en el camino al regresar a ti. He leído tu carta miles de veces hasta el punto que la he aprendido de memoria.
Llevo muchas noches con un frío seco y roto que me acompaña, casi dos meses ya. Amor, deseo con toda mi alma que estés bien. Echo tanto de menos nuestros abrazos infinitos. Y lo sé es tarde para los arrepentimientos…pero irremediablemente siento profundamente el haberme alejado de ti. Lo siento tan adentro que me duele el alma. Quería que supieses…
No sé cuánto tiempo tardaremos en volver a mirarnos a los ojos, volver abrazarnos, no sé, rezo cada día para que sea lo antes posible. Cuánto echo de menos nuestra mirada compartida.
El otro día mientras caminaba por estas planicies gélidas y baldías pude reconocer la esencia del amor verdadero. Se presentó ante mí como un haz de luz de clarividencia que me arropo por completo para no irse jamás. Me pregunté desde lo más profundo de mi alma que era para mí el amor verdadero, entonces viniste a mi cabeza…y recordé ese texto famoso que tantas veces había leído y que ahora cobraba todo el sentido para mí.
«Amar es mucho más que decirlo. Me atrevería a afirmar, incluso, que ama mejor aquel que lo hace en silencio, con hechos y no palabras, que aquel que lo grita a los cuatro vientos. Es demostrar que lo das todo aunque cometas errores y que cada día trates de mejorar. Amar es sonreír aunque la vida apriete. Perder la vergüenza y mirar embobado a la otra persona. Por mucho mundo que haya a su alrededor, tus ojos serán suyos y nada importará entonces más allá de sus fronteras. Amar es confiar. Es entregarte por completo a otra persona, dejar que mire debajo de tu coraza y, aun así, no sentirte vulnerable. Es saber que ese alguien no te juzgará por todo lo que escondes, sino que confiará en ti para que tú mismo mires debajo de la suya. Amar es arriesgar a pesar de que se puede perder. Es aceptar que un día pueda llegar a doler y, a pesar de ello, entregarse sin miedo y apostarlo todo por un futuro a su lado. Porque sí. Porque amar es tan complicado y sencillo al mismo tiempo que a veces nos olvidamos que lo verdaderamente importante es el camino, es disfrutar de la sensación de estar enamorado, de ser fiel a tu pareja y a ti mismo y tratar siempre de mirar hacia delante mientras crecen fuertes los cimientos de todo eso que estáis creando juntos. Amar es darlo todo, vaciarse cada día y volver a llenarse una y otra vez con el amor y la alegría que te regala tu pareja. Es estar con alguien y al mismo tiempo ser libre para poder elegir seguir enamorándote cada día de la misma persona.»
Entonces supe que te amaba de verdad, entendí que sean las circunstancias como sean, amor es experimentarlo sin miedos, cogidos de la mano aprendiendo y creciendo, con la confianza de sernos, en paz, la vida es tan bonita a tu lado. Amando de corazón el tiempo se transforma en infinito…juntos.

…Continúo leyendo de una forma tan silenciosamente profunda que hasta día de hoy no sabemos que expresaba aquella carta. La estrujó fuerte contra su pecho como intentando que penetrara en su interior.

Mariena sabiendo que su propósito en aquel valle, en aquel momento, había terminado se volvió a subir a la avioneta desapareciendo de estas letras en busca de su familia.

El tiempo se paró dentro de ella, fueron días de asimilación y calma. Estuvo leyendo toda su aventura y sentimientos reales que él tenía sólo para ella. Eres todo lo que buscaba. Ésta fue la última frase escrita que Ella pudo leer en el cuaderno que Mariena le había entregado. La releyó varias veces. El cuaderno empezó a llenarse de gotas de océano que brotaban de sus ojos haciendo borrosas las letras, como sus pensamientos. Y fue en ese preciso momento cuando fue consciente que el amor verdadero no conoce límites. La realidad en la que Ella había creído durante todo este tiempo para mantenerse entera se derrumbó con todas aquellas palabras dirigidas sólo para ella. Comprendió que él la amaba de una forma tan plena e incondicional que le costaba comprender. Juntos creaban algo único.
Recordó entonces las palabras que un anciano Masai le dijo sobre que la única forma de amar de verdad era acabar con el miedo, porque lo contrario al amor es el miedo. Entregarse.

Sin querer, su mente se fue al lugar donde se originó el incidente, lugar que nadie se había atrevido a ir por miedo a no regresar. Demasiadas vidas habían desaparecido ya desde aquel extraño y fatídico día.

Juntos el tiempo se transforma en infinito, esta fue la chispa que encendió el motor de la esperanza y la intuición dentro de su pecho.

Sin saber muy bien porqué, algo en su interior le decía lo que tenía que hacer. Con un arrebato de energía descontrolada abrió el armario de su ropa, cogió su mochila marrón cubierta de polvo, metió todo lo necesario para su última primera aventura en solitario.

Había decidido ir al núcleo del incidente, al origen. Estaba dispuesta adentrarse en lo incierto del universo con el fin de encontrarlo, un presentimiento le hacía tener muy claro que todo era posible. Cuando estaba cerrando la puerta del armario una pluma azul verde apareció de la nada sobrevolando la habitación, lo percibió como la Señal y se dijo de forma sigilosa: Vamos Guerrera de Plumas todo es posible, donde termina lo racional es donde nace la esperanza…y allí es donde me dirijo.

Al alba, se calzó sus botas de montaña y se puso a caminar, dos mil veinte kilómetros la separaban del lugar donde se inició todo. Ahora más que nunca sabía que solo ella podía recuperar a los magos que una vez fueron juntos y que este maldito incidente había congelado. No volvió a mirar atrás, esta vez no, se dijo.

Unas montañas kilométricas se alzaban ante ella, las había observado desde su ventana muchas veces y ahora, ahí estaba dispuesta a entregarlo todo.