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Entre abrí un ojo y pude ver las ascuas incandescentes brillar con fuerza cada vez que la breve brisa las acariciaba. No fue una buena idea acostarme pensando en ella. Por el tamaño de la hoguera debía haber estado durmiendo solo unas dos horas. El techo descubierto me dejaba ver el manto de estrellas que desde el incidente se había transformado en un cuadro de puntillismo de tonos naranja.

Todavía no tenemos claro si el cambio de color se debía al cúmulo de gases que se había formado alrededor de la tierra fuera de la atmósfera.

Estaba soñando con la última vez que la vi. Tengo grabada su mirada de despedida. Recuerdo perfectamente el tono de su voz diciéndome al oído mientras me abrazaba, esa frase de su poeta favorito, “jamás se va lo que queda abrazado al alma».

Siempre me hablaba de la energía ancestral, de que estamos compuestos de átomos y de que esos átomos están compuestos de energía. Conocía mi visión científica y por ese motivo siempre justificaba sus teorías con base a ello para que pudiera creer y entender sus creencias sobre la magia de lo que no se ve, de lo que sólo se siente.

Amor incondicional decía, ese es el secreto, lo repetía como si de un mantra se tratase. Me hablaba de sus vidas pasadas con tal claridad que empecé a creérmelo. Ella me enseñó el amor incondicional a la vida, al universo. Me explicó que la vida es circular y que cada acto tiene su causa y efecto. Que cada acción es como una gota de agua que cae sobre el océano, si está en calma crea una pequeña onda que se propaga a través de todo el elemento, y si el océano esta bravo la onda no se percibe pero de igual forma cambia la información energética del agua. Por este motivo debo recoger todos los pedacitos de nuestra vida y recomponerlos. Es la única manera de volver abrazarla. Mantengo su ritual todas la mañanas de agradecer a los cuatro elementos. Ahora veo todo lo que me rodea como algo sagrado. Mi mirada se ha vuelto divina gracias a su amor. Es inimaginable la capacidad que tiene el ser humano de cambiar el universo simplemente cambiando la actitud hacia lo que nos rodea.

— ¿Qué piensas tan ensimismado mirando a las estrellas? —Carlos interrumpe mis ensoñaciones y me devuelve a la realidad.

—Lo miro sonriendo y digo, nada. « Aunque es Todo.»

—Duerme que mañana será un día duro —me dice mientras se da la vuelta dentro de su saco.

No puedo dormir. Me pongo las botas. Y sigilosamente me escabullo decidido a perderme por la ciudad.

Camino sin rumbo fijo. Quizás dejándome llevar por mi intuición. El silencio es omnímodo. Tanto que me parece escuchar a las estrellas. La luz de la luna es la singular iluminación que me acompaña en este paseo por Durban. Grandes arbustos en la acera parecen ser los únicos seres que la habitan. Me equivoco. Una lechuza blanca alza su vuelo desde lo alto de un semáforo que tengo enfrente y se pierde en la lejanía. Su vuelo crea un momento mágico que lo disfruto respirando profundamente. Voy andando por mitad de la calle a paso lento. No tengo prisa. Los escaparates de las tiendas mantienen sus productos en perfecto estado. Inertes. Me extraña que nadie haya venido a saquear todos estos tesoros materiales, aunque dadas las circunstancias lo comprendo. Es curioso ver este panorama, aunque ya he visitado muchos lugares así en los últimos tiempos, no deja de sorprenderme. Veo un pequeño supermercado. Me acerco a la entrada. Un cartel escrito en inglés me da la bienvenida. Empujo la puerta para comprobar si está abierto. La puerta hace un chirrido con el que encojo los hombros y pongo cara de «¡uy! que se van a despertar», ¿quiénes? Me río yo solo. Entro. No se ve mucho, casi nada. Me acerco a las estanterías a ver si encuentro algo dulce que me acompañe en este paseo. Todo está caducado. Me atrevo con unas galletas rancias de chocolate que acabo escupiendo. Continúo mi aventura nocturna un buen rato. Hasta que de repente escucho una frágil vibración creada por lo que deduzco que es un tambor. Afino el oído. La curiosidad me embriaga y sigo el sonido que cada vez se hace más cercano. A veces confundo el origen por las reverberaciones que se crean con los edificios. Después de un largo tiempo de búsqueda doy con un estrecho callejón, de apenas un metro de ancho, en el que el sonido se hace notable, al final de él se deja ver reflejado lo que parece ser la luz de una hoguera. Solo veo colores de fuego. En un principio me lo pienso, el miedo se apodera de mí por un instante, pero rápidamente desaparece por el ritmo “chamánico” del misterioso tambor. Me adentro en el angosto callejón. Una sensación mística parece hechizar el lugar. Me voy acercando a paso acompasado como un mimo vestido de cosmonauta en el espacio. Veo salir la luz del interior de una puerta, el resplandor parece bailar al ritmo de la vibración. Me sigo acercando. Un fuerte aroma a Copal lo cubre todo. Asomo la cabeza al interior y lo que veo me deja helado.

Distingo una silueta humana cubierta con un manto delicadamente elaborado frente al fuego. Su cabeza inclinada hacia abajo, concentrada en el instrumento no me deja distinguir si es hombre o mujer. Cada golpe de tambor me palpita el alma. Mi presencia no perturba la atmósfera. El ritmo continúa. El humo lo desdibuja todo. Como si supiera mi finalidad en este lugar me siento a la derecha de la mística silueta y me quedo hipnotizado por la vibración y el fuego. La habitación es completamente negra, vacía materialmente pero desbordante de espiritualidad, solo contiene el fuego que ilumina levemente las paredes decoradas con dibujos de extrañas criaturas. El ritmo del tambor aumenta en potencia, cada golpe parece controlar los latidos de mi corazón. Cada ¡PUMMM!, ¡PUMMM!, ¡PUMMM!, me va introduciendo en un estado de trance. Hasta un punto en el que siento que mi cuerpo deja tener un espacio físico limitado. Mi ser se convierte en un todo con el universo. En un estado de ahora absoluto. Sólo siento vibración y fuego. Dejo de ser Yo para ser un Todo. El Copal. Sagrada medicina. Se va introduciendo en mis pulmones, en cada célula de mi ser, profeso como me purifica de dentro hacia fuera. Siento como se libera de mí una energía que no pertenece y se disipa hacia el techo negro con extrañas criaturas.

¡PUMMM!. Un golpe único me deja en un estado de recepción y observación.

La silueta humana, alza lentamente la cabeza para mirar al fuego y luego mirarme a mí. Sus ojos de un verde intenso me aferran el alma. Es una mujer Medicina. Una Guerrera de Plumas. La miro hechizado. No hay nada que yo pueda o deba decir.

—Sagradas noches querido, te estaba esperando. —Su voz es tan profunda que siento en cada silaba su sabiduría—.

—Hay un breve silencio y continúa diciendo—. Todo. Absolutamente Todo te ha traído hasta el momento presente y ese Todo también ha sido tú ahora. Cada uno de nosotros somos Elemento fundamental en la existencia, como esa gota de agua que comentabas que se fundía en el océano. Si te liberas de todo condicionamiento y distracción solamente te queda el Océano, que a su vez está formado por billones de gotas y si solo existiera una sola gota en el Universo también podrías llamarlo Océano. Libérate de cualquier condición humana. Libérate de nombres, etiquetas… Despierta lo que realmente eres. Deja de creer y siente. Eres Amor. Somos Amor. Recuérdalo. Despierta. Despierta. Despierta.

— ¡Despierta dormilón! —Dice Alejandra ofreciéndome una taza de infusión de hierbas y dejándola al lado de mis botas—. Venga que el sol está saliendo.

Aturdido, empiezo a desperezarme no sabiendo muy bien lo que está ocurriendo. Me siento muy vivo por dentro mezclada con una consternación extrema, una sensación extraña que no acabo de comprender me acompaña. Me quedo sentado dentro del saco. Respiro. Saco los brazos y doy un sorbo a la taza humeante. Con legañas en los ojos observo la luz anaranjada de un nuevo día. Doy las gracias. Respiro. Me pongo una bota y luego la otra y me activo para ayudar al equipo para la salida.

Tiempo después estamos en alta mar. Ya no se ve tierra a nuestras espaldas. Seguimos la autopista burbujeante. Contemplativo, miro hacia el horizonte desde la proa del barco, me he otorgado unos minutos de desconexión del equipo para comprender lo que ha pasado por la noche. Era tan real que no me puedo creer que fuera un sueño. Vuelven las palabras, «…despierta lo que realmente eres. Deja de creer y siente. Eres Amor. Somos Amor.» Me quedo mirando al horizonte intentando comprender. Respiro profundamente. Me doy la vuelta para volver con el equipo. Paseo por mis sensaciones y pensamientos. Meto mi mano derecha en el pantalón y descubro el envoltorio de las rancias galletas.